Análisis de la Victimología: Objeto, Metodología y Propósito en la Consideración de su Estatus Científico.
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| Figura 1. Victimología: ¿Qué es y cuál es su objeto de estudio? Nota. La imagen muestra el concepto de victimología y sus principales áreas de estudio. Fuente: Mente y Ciencia (2019). |
La victimología es la rama de la criminología que estudia a la víctima del delito. Su objeto de estudio es la víctima, su metodología se basa en métodos cuantitativos y cualitativos para analizar las características y condiciones de las víctimas, y su fin es comprender la victimización para desarrollar mecanismos de prevención y protección (Márquez Cárdenas, 2010). En ese sentido, la victimología busca entender por qué algunas personas tienen más probabilidades de ser víctimas, cómo es el proceso de victimización y sus efectos, así como crear políticas para asistir a las víctimas y evitar la repetición de los hechos victimizantes.
Si bien la victimología es considerada una
subdisciplina de la criminología, también reúne características que permiten
conceptualizarla como una ciencia independiente (Sangrador García, 1996).
Utiliza métodos científicos, cuenta con un objeto definido de estudio, formula
teorías y conceptos propios, y tiene una finalidad práctica vinculada a las
políticas públicas. En las últimas décadas se ha consolidado como un campo de
creciente relevancia para entender el delito, a la víctima y las formas de
violencia en la sociedad.
En ese contexto, las altas tasas de
homicidios registradas en Costa Rica resultan un tema obligado de análisis
victimológico. Según datos recientes del Organismo de Investigación Judicial
citados por Teletica (2023), el país cerró el 2023 con una tasa de 17.2
homicidios por cada 100 mil habitantes, consolidando una tendencia al alza que
ubica a Costa Rica entre los países más violentos de América Latina. Cada una
de esas muertes violentas genera familias destrozadas que deben lidiar con el
duelo, orfandad y otras consecuencias victimizantes.
Desde una perspectiva victimológica, es
posible plantear varias líneas de discusión sobre este problema. En primer
lugar, hay que determinar qué poblaciones son más victimizadas por los
homicidios en Costa Rica y por qué. La evidencia de otros países latinoamericanos
muestra que la violencia homicida tiene un claro componente sociodemográfico,
afectando principalmente a hombres jóvenes de contextos urbanos y barrios
marginales (Carcedo et al., 2011). Entender las dinámicas de victimización en
estos grupos es esencial para una adecuada prevención.
Asimismo, se debe analizar el impacto
psicosocial de la muerte violenta de un ser querido. La victimización indirecta
de las familias también es un tema victimológico central. La pérdida traumática
genera duelos complejos que deben ser atendidos por política públicas
integrales de ayuda. Costa Rica tiene un enorme déficit en esta materia.
Programas de apoyo económico, legal, psicológico y social para estas víctimas
indirectas son fundamentales en el corto y largo plazo.
Además, ante tasas epidemiológicas de
violencia homicida, faltan estudios victimológicos de contexto para entender la
interacción de variables históricas, socioculturales y situacionales donde
ocurren estos crímenes. El ecosistema que permite y facilita los homicidios
debe ser reconstruido y esquematizado, para luego trabajar intervenciones
focales sobre esos factores precipitantes. Las muertes violentas no son
azarosas, responden a lógicas victimogénicas que pueden y deben desmontarse.
Finalmente, hay que entender que las
actuales estrategias punitivas para contener los mercados de drogas ilegales
han sido un rotundo fracaso. Pese a la adopción de reformas legales que
endurecen las penas e invertir crecientes recursos en persecución policial y
militarización, la oferta y el consumo se mantienen altos o van en aumento en
Costa Rica y la región.
Paralelamente, hay una correlación
demostrada entre mercados criminales clandestinizados y violencia homicida. La
prohibición no elimina esos mercados ilícitos, solo los empuja a resolver sus
conflictos por vías violentas al no poder acudir al sistema formal de justicia.
Esa violencia genera más represión estatal y mayor fortalecimiento de grupos
delictivos en un círculo vicioso interminable.
Ante ese diagnóstico, expertos en seguridad
y derechos humanos han planteado durante décadas la necesidad de un cambio de
paradigma. Pasar del prohibicionismo punitivo a modelos de legalización
regulada. Esta aproximación de "salud pública" busca controlar los
riesgos sanitarios y sociales de ciertas drogas mediante regulación estatal de
producción, distribución y consumo informado.
Ya hay evidencia comparada de los beneficios
de este enfoque. Por ejemplo, tras regular el cannabis, en Uruguay bajaron los
homicidios asociados al microtráfico, se debilitaron mafias, se reorientaron
recursos policiales a crímenes más graves, y hay control sanitario para
prevenir adicciones. Todo en beneficio de salud y seguridad pública.
Costa Rica bien podría aprender de esas
experiencias y ser pionera en América Central regulando el cannabis para uso
personal y terapéutico. Son medidas técnicamente viables, éticamente
responsables y políticamente realistas. Requerirían reformas legales
específicas y el desarrollo de capacidades institucionales que perfectamente
puede asumir el país.
Más allá del caso del cannabis, el punto
central es que urge un cambio de enfoque integral frente a la creciente
violencia homicida y sus múltiples aristas. Se requiere voluntad política y
ciudadana para implementar soluciones innovadoras centradas en la prevención y
despenalización antes que únicamente más policías y cárceles. Solo así se
podrán reducir efectiva y éticamente los alarmantes niveles de muertes
violentas. Es tiempo de que Costa Rica se plantee en serio estas reformas que
ya han demostrado su efectividad en otros contextos. El camino es claro, solo
falta decisión para emprenderlo.
Lo primero es enfatizar qué significa que
Costa Rica carece de una visión victimológica integral sobre este problema.
Quiere decir que no hay políticas públicas enfocadas en las víctimas de
homicidios y sus familias; que no existen programas gubernamentales de
asistencia post-victimización; que no se invierte en apoyo psicosocial,
asesoría legal y ayudas económicas para los afectados. Implica también que las
instituciones que abordan el fenómeno, como el Poder Judicial y el Ministerio
de Seguridad, no incorporan la perspectiva de derechos humanos ni el enfoque
diferencial para las víctimas en sus protocolos y actuaciones.
Esa ausencia victimológica es grave si
consideramos que Costa Rica sufre una epidemia de violencia homicida que se ha
cobrado miles de vidas, especialmente entre los jóvenes, en las últimas
décadas. Cada una de esas muertes violentas genera un enorme halo de
victimización sobre madres, padres, hermanos, hijos y demás familiares que
sufren esta pérdida traumática. La falta de atención institucional ante esa
victimización indirecta refleja una sociedad profundamente enferma éticamente,
que no valora la vida humana ni respeta el dolor de sus compatriotas víctimas.
Ese déficit ético se observa en la
indiferencia social y política frente a una creciente tasa de homicidios que ya
ronda los niveles epidémicos según la Organización Mundial de la Salud. Pero
también en la inacción histórica de los diversos gobiernos, que lejos de
proteger la vida y la dignidad de miles de costarricenses, más bien han
estigmatizado, criminalizado y relegado al abandono a amplios sectores del
país, especialmente en zonas urbanas empobrecidas, donde se concentra mayor
violencia letal.
Cambiar ese paradigma victimizante debe ser
una responsabilidad compartida. Principalmente de las instituciones del Estado
llamadas por mandato legal y ético a proteger los derechos humanos, así como
por parte de la ciudadanía que debe activarse para exigir políticas públicas
victimológicas. Pero también de las nuevas generaciones de profesionales en
derecho, criminología y áreas afines, que tienen el deber histórico de impulsar
un nuevo enfoque.
Los estudiantes y profesionales del campo
sociojurídico no podemos permanecer indiferentes, reducir nuestro quehacer a
tecnicismos o limitarnos a la repetición acrítica de fórmulas represivas que
han empeorado esta violencia. Tenemos que activarnos e impulsar otra narrativa
ética de derechos humanos que ponga a las víctimas fatales y sus familias en el
centro. Debemos abogar por políticas de prevención y mitigación del daño desde
la victimología, la sociología jurídica y otras disciplinas. Costa Rica merece
vivir en paz y sin miedo. Hagamos nuestra parte.
Referencias.
Carcedo, A., Sagot, M., y Guido, L. (2000).
Femicidio en Costa Rica 1990-1999. Organización Panamericana de la Salud. https://www.paho.org/hq/dmdocuments/2009/Femi%20Costa%20Rica%202000%20Esp.pdf
Márquez Cárdenas, A. E. (2010). Elementos
esenciales de la victimología. Ratio Juris, 6(12), 227-252. https://revistas.usantotomas.edu.co/index.php/ratiojuris/article/view/2538
Mente y Ciencia. (2019). Victimología: ¿Qué
es y cuál es su objeto de estudio? [Fotografía]. Mente y Ciencia.
https://www.menteyciencia.com/victimologia-que-es-y-cual-es-su-objeto-de-estudio/
Sangrador García, J. L. (1996). ¿Hacia una
nueva ciencia delictológica victimológica?. Eguzkilore: Cuaderno del Instituto
Vasco de Criminología, (10), 189-201.
https://www.ehu.eus/documents/1736829/2010409/10+-+Hacia+una+nueva+ciencia+delictologica+victimologica.pdf
UPV/EHU. (2017, 9 de agosto). Victimologia [Video]. YouTube. https://youtu.be/gKI1H0dguBw

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