Análisis de la Tipología Victimal Doctrinaria: Perspectivas de Mendelsohn y Von Henting.
La tipología victimal es el estudio de los
diferentes tipos de víctimas que existen en el contexto de la criminología.
Esta clasificación permite entender mejor las características y el
comportamiento de las víctimas, así como su contribución en la génesis del
delito del cual fueron sujetos. Entre los principales exponentes de esta rama
de la victimología se encuentran Benjamín Mendelsohn y Hans Von Henting,
quienes sentaron las bases para las tipologías victimales modernas.
Mendelsohn (1956) estableció una de las
primeras y más influyentes tipologías de víctimas, clasificándolas en seis
categorías principales: la víctima totalmente inocente, la víctima con culpa
menor que el victimario, la víctima tan culpable como el victimario, la víctima
más culpable que el victimario, la víctima solo aparente y la víctima
imaginaria. Esta taxonomía permitió dimensionar en qué medida las propias
víctimas contribuyen, ya sea por acción o por omisión, en su victimización.
Por su parte, Von Henting (1948) planteó
otra relevante tipificación victimal desde una perspectiva más psicológica y
conductual. Identificó cuatro perfiles: la víctima deprimida (con baja
autoestima, pesimista, propensa a culparse), la víctima provocadora
(imprudente, agresiva, que busca confrontación), la víctima lasciva (seductora,
con necesidad de reconocimiento) y la víctima inocente (confiada,
bondadosa).
Las iniciales tipologías victimales
propuestas por Mendelsohn, Von Henting y otros pioneros de la Victimología en
las décadas de 1940 y 1950, tuvieron el gran mérito de abrir por primera vez el
debate académico y social sobre cuál es el rol de la víctima dentro del
complejo fenómeno de la criminalidad.
Al categorizar a las víctimas y explorar sus
posibles contribuciones al acto delictivo del que fueron sujeto, estos primeros
modelos hicieron visible y problematizaron algo que hasta entonces permanecía
invisible: el comportamiento de las propias víctimas como uno de los
engranajes, junto al delincuente y el control social, que conforman el esquema
criminógeno.
Sin embargo, con el avance de las décadas
también comenzaron a surgir críticas fundadas hacia varios de los supuestos e
implicaciones de estas primeras tipologías victimales hegemónicas.
Principalmente, se les señaló un excesivo hincapié en distribuir distintos
niveles responsabilidad moral entre víctimas y victimarios.
Esta postura sobre-responsabilizadora
acarreaba frecuentemente efectos contraproducentes de estigmatización,
descrédito y hasta jurídica desprotección sobre ciertos tipos de víctimas que
eran vistas como "no tan inocentes" o "precipitantes".
Además, con frecuencia no incluía consideraciones más macro sobre factores de
vulnerabilidad social, violencia estructural y desigualdad distributiva.
Precisamente a raíz de estas carencias, en
las últimas décadas pensadores latinoamericanos han realizado un aporte
relevante al desarrollo de la Victimología, formulando nuevas tipologías y
perspectivas analíticas más sensibles al contexto regional. Destacan los
trabajos desde la criminología feminista, la sociología jurídica crítica y las
teorías de la interseccionalidad, que buscan entender los procesos de
victimización dentro de ejes multidimensionales de vulnerabilidad, desventaja y
violencia institucional. Estas son las nuevas guías para entender la cuestión
victimal en toda su complejidad.
Según señala López (2018): “Es necesario
superar los enfoques tradicionales sobre las tipologías victimales que tienden
a revictimizar, para avanzar hacia modelos de clasificación más integrales, que
visualicen los factores sociales, económicos y culturales que rodean los casos
de victimización” (p. 57).
Bajo esta línea, Andrea Fabiola López López
(2021) plantea una tipificación alternativa de víctimas en función de su
situación de vulnerabilidad. Identifica cuatro categorías: las súper víctimas
(afectadas reiteradamente por distintos tipos de victimización), las víctimas
vulnerables estructurales (por su condición social de pobreza, exclusión), las
circunstanciales (por cambios súbitos en sus vidas) y las resilientes (con
recursos psicológicos y apoyo social para sobreponerse al trauma sufrido).
Asimismo, Cárdenas (2019) formula una
taxonomía victimal desde la perspectiva interseccional, es decir, considerando
las múltiples condiciones sociales identitarias que pueden interactuar para
generar mayor riesgo de convertirse en víctima. Reconoce seis tipos de
víctimas: racializadas, empobrecidas, mujeres, diversidad sexual, tercera edad
y discapacidad/enfermedad. Todas ellas enfrentan situaciones particulares de
vulnerabilidad y requieren un abordaje diferenciado.
La evolución de las tipologías victimales a
lo largo de las últimas décadas demuestra que se ha transitado desde modelos
iniciales centrados en culpabilizar o responsabilizar en exceso a la propia
víctima, hacia aproximaciones más íntegras y multidimensionales que buscan
comprender su situación desde múltiples aristas.
Los primeros tipos de clasificaciones
victimales, como las propuestas por Mendelsohn y Von Henting en la primera
mitad del siglo XX, tendían a categorizar a las víctimas principalmente en
función de su propia contribución al hecho criminal del que fueron sujeto.
Incluso aquellas que eran consideradas "totalmente inocentes" eran
analizadas bajo la óptica de sus acciones u omisiones que podrían haber evitado
el delito.
Esta perspectiva, si bien puso sobre la mesa
el tema del comportamiento victimal, presentaba serios problemas éticos al
distribuir responsabilidades entre víctima y victimario, restándole gravedad al
acto criminal cometido. Además, no consideraba otros factores sociales,
culturales y psicológicos que pudiesen incidir en el riesgo y el trauma de la
victimización.
Por ello, en las últimas décadas han surgido
aproximaciones más integrales, que buscan comprender las tipologías victimales
incorporando otras variables como la vulnerabilidad social, los patrones de
violencia institucional, las identidades interseccionales o las barreras en el
acceso a la justicia. La meta ya no es juzgar o desperfilar a la víctima, sino
dimensionar los distintos ejes que potencian su victimización.
Como futuros profesionales de la
Criminología, resulta fundamental que adoptemos una postura crítica frente a
los modelos tradicionales de tipificación victimal, superándolos a través de
alternativas conceptuales más integrales, interdisciplinarias, inclusivas y
socialmente contextualizadas.
Debemos entender a las víctimas desde su
condición humana, histórica y estructural, si realmente queremos incidir en la
prevención del delito y la violencia. Las clasificaciones inflexibles y
unilaterales ya no tienen espacio en la Victimología moderna. Ha llegado la
hora de un cambio de paradigma que sitúe los derechos, la protección y la
reparación de las víctimas en el centro de nuestro quehacer.
Debemos asumir el compromiso ético de
visibilizar los factores de vulnerabilidad que explican por qué ciertos grupos
tienen mayor riesgo de convertirse en víctimas. Esto implica realizar
investigación rigurosa para identificar qué condiciones particulares
incrementan la probabilidad de victimización en distintos segmentos
poblacionales. Se requiere un abordaje interdisciplinario, recabando
información tanto cuantitativa como cualitativa, para comprender a profundidad
las interacciones entre las múltiples variables sociales, económicas,
culturales y psicológicas que subyacen tras ese mayor riesgo victimal. Sólo
mediante diagnósticos integrales y multidimensionales seremos capaces de
formular políticas públicas efectivas que protejan verdaderamente a aquellos en
situación de vulnerabilidad.
Estas políticas de prevención victimal deben
orientarse simultáneamente en tres niveles: 1) disminuir la probabilidad de que
se produzcan más victimizaciones en esos grupos de riesgo; 2) mitigar el daño
causado en quienes ya han sido víctimas de algún delito o violencia; y 3)
garantizar la restitución de derechos, reparación integral y acceso a la
justicia cuando se ha producido la victimización. En cada dimensión es
indispensable partir de las necesidades específicas de las poblaciones
destinatarias, con enfoque diferencial según género, etnia, nivel
socioeconómico, discapacidad, orientación sexual o cualquier otro factor
relevante.
Solo así, con medidas integrales
particularizadas, lograremos reducir esos índices de revictimización tan
frecuentes hoy en día y que profundizan tanto el trauma individual como las
brechas de desigualdad grupales. Es tiempo de que los derechos e intereses de
las víctimas se sitúen en el centro de toda política criminal y sean la lente
primordial que guíe nuestro trabajo como especialistas. Necesitamos promover
activamente ese cambio de paradigma en nuestras instituciones y redefinir las
prioridades de la agenda pública en materia de seguridad ciudadana. Como
futuros criminólogos somos actores clave para liderar esa transformación.
Referencias.
Cárdenas, G. (2019). Victimización
interseccional: una propuesta tipológica. Cuadernos de Criminología, 15(29),
77-135. https://doi.org/10.5354/0719-632x.2019.52426
CFEC – Estudio Criminal. (2017). Tipología
Victimal de Benjamín Mendelsohn [Fotografía]. CFEC – Estudio Criminal.
López, A. F. (2021). Hacia una nueva
tipificación de víctimas desde la criminología feminista. Revista
Latinoamericana de Victimología, 2(1), 33-78. https://doi.org/10.5354/0719-4877.2021.60539
López, J. (2018). Crítica a los modelos
tradicionales de tipología victimal. Sophia, 14(1), 49-79.
https://doi.org/10.5354/0719-6743.2018.52333
Velasco, E. (2023, 2 de junio). Tipología Victimal de Von Henting [Video]. YouTube. https://youtu.be/SPuVomUXfpw?si=i6XJaQKfWrYY3sUS

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