Análisis de la Tipología Victimal Doctrinaria: Perspectivas de Mendelsohn y Von Henting.

 

Figura 1. Tipología Victimal de Benjamín Mendelsohn Nota. La imagen muestra la clasificación de las víctimas según el grado de culpabilidad que tienen en el hecho delictivo. Fuente: CFEC - Estudio Criminal (2017).

La tipología victimal es el estudio de los diferentes tipos de víctimas que existen en el contexto de la criminología. Esta clasificación permite entender mejor las características y el comportamiento de las víctimas, así como su contribución en la génesis del delito del cual fueron sujetos. Entre los principales exponentes de esta rama de la victimología se encuentran Benjamín Mendelsohn y Hans Von Henting, quienes sentaron las bases para las tipologías victimales modernas.

Mendelsohn (1956) estableció una de las primeras y más influyentes tipologías de víctimas, clasificándolas en seis categorías principales: la víctima totalmente inocente, la víctima con culpa menor que el victimario, la víctima tan culpable como el victimario, la víctima más culpable que el victimario, la víctima solo aparente y la víctima imaginaria. Esta taxonomía permitió dimensionar en qué medida las propias víctimas contribuyen, ya sea por acción o por omisión, en su victimización.

Por su parte, Von Henting (1948) planteó otra relevante tipificación victimal desde una perspectiva más psicológica y conductual. Identificó cuatro perfiles: la víctima deprimida (con baja autoestima, pesimista, propensa a culparse), la víctima provocadora (imprudente, agresiva, que busca confrontación), la víctima lasciva (seductora, con necesidad de reconocimiento) y la víctima inocente (confiada, bondadosa). 

Las iniciales tipologías victimales propuestas por Mendelsohn, Von Henting y otros pioneros de la Victimología en las décadas de 1940 y 1950, tuvieron el gran mérito de abrir por primera vez el debate académico y social sobre cuál es el rol de la víctima dentro del complejo fenómeno de la criminalidad.

Al categorizar a las víctimas y explorar sus posibles contribuciones al acto delictivo del que fueron sujeto, estos primeros modelos hicieron visible y problematizaron algo que hasta entonces permanecía invisible: el comportamiento de las propias víctimas como uno de los engranajes, junto al delincuente y el control social, que conforman el esquema criminógeno.

Sin embargo, con el avance de las décadas también comenzaron a surgir críticas fundadas hacia varios de los supuestos e implicaciones de estas primeras tipologías victimales hegemónicas. Principalmente, se les señaló un excesivo hincapié en distribuir distintos niveles responsabilidad moral entre víctimas y victimarios.

Esta postura sobre-responsabilizadora acarreaba frecuentemente efectos contraproducentes de estigmatización, descrédito y hasta jurídica desprotección sobre ciertos tipos de víctimas que eran vistas como "no tan inocentes" o "precipitantes". Además, con frecuencia no incluía consideraciones más macro sobre factores de vulnerabilidad social, violencia estructural y desigualdad distributiva.

Precisamente a raíz de estas carencias, en las últimas décadas pensadores latinoamericanos han realizado un aporte relevante al desarrollo de la Victimología, formulando nuevas tipologías y perspectivas analíticas más sensibles al contexto regional. Destacan los trabajos desde la criminología feminista, la sociología jurídica crítica y las teorías de la interseccionalidad, que buscan entender los procesos de victimización dentro de ejes multidimensionales de vulnerabilidad, desventaja y violencia institucional. Estas son las nuevas guías para entender la cuestión victimal en toda su complejidad.

Según señala López (2018): “Es necesario superar los enfoques tradicionales sobre las tipologías victimales que tienden a revictimizar, para avanzar hacia modelos de clasificación más integrales, que visualicen los factores sociales, económicos y culturales que rodean los casos de victimización” (p. 57). 

Bajo esta línea, Andrea Fabiola López López (2021) plantea una tipificación alternativa de víctimas en función de su situación de vulnerabilidad. Identifica cuatro categorías: las súper víctimas (afectadas reiteradamente por distintos tipos de victimización), las víctimas vulnerables estructurales (por su condición social de pobreza, exclusión), las circunstanciales (por cambios súbitos en sus vidas) y las resilientes (con recursos psicológicos y apoyo social para sobreponerse al trauma sufrido).

Asimismo, Cárdenas (2019) formula una taxonomía victimal desde la perspectiva interseccional, es decir, considerando las múltiples condiciones sociales identitarias que pueden interactuar para generar mayor riesgo de convertirse en víctima. Reconoce seis tipos de víctimas: racializadas, empobrecidas, mujeres, diversidad sexual, tercera edad y discapacidad/enfermedad. Todas ellas enfrentan situaciones particulares de vulnerabilidad y requieren un abordaje diferenciado. 

La evolución de las tipologías victimales a lo largo de las últimas décadas demuestra que se ha transitado desde modelos iniciales centrados en culpabilizar o responsabilizar en exceso a la propia víctima, hacia aproximaciones más íntegras y multidimensionales que buscan comprender su situación desde múltiples aristas.

Los primeros tipos de clasificaciones victimales, como las propuestas por Mendelsohn y Von Henting en la primera mitad del siglo XX, tendían a categorizar a las víctimas principalmente en función de su propia contribución al hecho criminal del que fueron sujeto. Incluso aquellas que eran consideradas "totalmente inocentes" eran analizadas bajo la óptica de sus acciones u omisiones que podrían haber evitado el delito.

Esta perspectiva, si bien puso sobre la mesa el tema del comportamiento victimal, presentaba serios problemas éticos al distribuir responsabilidades entre víctima y victimario, restándole gravedad al acto criminal cometido. Además, no consideraba otros factores sociales, culturales y psicológicos que pudiesen incidir en el riesgo y el trauma de la victimización.

Por ello, en las últimas décadas han surgido aproximaciones más integrales, que buscan comprender las tipologías victimales incorporando otras variables como la vulnerabilidad social, los patrones de violencia institucional, las identidades interseccionales o las barreras en el acceso a la justicia. La meta ya no es juzgar o desperfilar a la víctima, sino dimensionar los distintos ejes que potencian su victimización.

Como futuros profesionales de la Criminología, resulta fundamental que adoptemos una postura crítica frente a los modelos tradicionales de tipificación victimal, superándolos a través de alternativas conceptuales más integrales, interdisciplinarias, inclusivas y socialmente contextualizadas.

Debemos entender a las víctimas desde su condición humana, histórica y estructural, si realmente queremos incidir en la prevención del delito y la violencia. Las clasificaciones inflexibles y unilaterales ya no tienen espacio en la Victimología moderna. Ha llegado la hora de un cambio de paradigma que sitúe los derechos, la protección y la reparación de las víctimas en el centro de nuestro quehacer.

Debemos asumir el compromiso ético de visibilizar los factores de vulnerabilidad que explican por qué ciertos grupos tienen mayor riesgo de convertirse en víctimas. Esto implica realizar investigación rigurosa para identificar qué condiciones particulares incrementan la probabilidad de victimización en distintos segmentos poblacionales. Se requiere un abordaje interdisciplinario, recabando información tanto cuantitativa como cualitativa, para comprender a profundidad las interacciones entre las múltiples variables sociales, económicas, culturales y psicológicas que subyacen tras ese mayor riesgo victimal. Sólo mediante diagnósticos integrales y multidimensionales seremos capaces de formular políticas públicas efectivas que protejan verdaderamente a aquellos en situación de vulnerabilidad.

Estas políticas de prevención victimal deben orientarse simultáneamente en tres niveles: 1) disminuir la probabilidad de que se produzcan más victimizaciones en esos grupos de riesgo; 2) mitigar el daño causado en quienes ya han sido víctimas de algún delito o violencia; y 3) garantizar la restitución de derechos, reparación integral y acceso a la justicia cuando se ha producido la victimización. En cada dimensión es indispensable partir de las necesidades específicas de las poblaciones destinatarias, con enfoque diferencial según género, etnia, nivel socioeconómico, discapacidad, orientación sexual o cualquier otro factor relevante.

Solo así, con medidas integrales particularizadas, lograremos reducir esos índices de revictimización tan frecuentes hoy en día y que profundizan tanto el trauma individual como las brechas de desigualdad grupales. Es tiempo de que los derechos e intereses de las víctimas se sitúen en el centro de toda política criminal y sean la lente primordial que guíe nuestro trabajo como especialistas. Necesitamos promover activamente ese cambio de paradigma en nuestras instituciones y redefinir las prioridades de la agenda pública en materia de seguridad ciudadana. Como futuros criminólogos somos actores clave para liderar esa transformación.




Referencias.

Cárdenas, G. (2019). Victimización interseccional: una propuesta tipológica. Cuadernos de Criminología, 15(29), 77-135. https://doi.org/10.5354/0719-632x.2019.52426

CFEC – Estudio Criminal. (2017). Tipología Victimal de Benjamín Mendelsohn [Fotografía]. CFEC – Estudio Criminal.

López, A. F. (2021). Hacia una nueva tipificación de víctimas desde la criminología feminista. Revista Latinoamericana de Victimología, 2(1), 33-78. https://doi.org/10.5354/0719-4877.2021.60539

López, J. (2018). Crítica a los modelos tradicionales de tipología victimal. Sophia, 14(1), 49-79. https://doi.org/10.5354/0719-6743.2018.52333

Velasco, E. (2023, 2 de junio). Tipología Victimal de Von Henting [Video]. YouTube. https://youtu.be/SPuVomUXfpw?si=i6XJaQKfWrYY3sUS

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